¿Qué lugares son la leche en Japón? ¿Qué sitios estaría muy bien que vieras una vez en la vida?
Vamos a hablar de 22 destinos que han robado el corazón de muchos turistas.
Por el contraste que tienen con occidente.
Por la historia que esconden detrás
O porque simplemente son tan únicos que les hacen sentir algo.
Algo bueno.
En cualquier caso, aquí tienes un listado de los los mejores destinos de Japón que tienes que conocer sí o sí… hayas comprado ya tu billete de ida o no.
Empecemos con Tokio, antiguamente, durante la época Edo, la ciudad de las 808 aldeas
En palabras de Anthony Bourdain el famoso chef americano…
Tokio es TAN amplia…
Está TAN viva.
Es TAN variopinta…
Que es “deliciosamente insondable”.
Hay tanto que ver y hacer en la que es la tercera ciudad más poblada del mundo… que te aseguro que el menor de tus problemas va a ser aburrirte.
Sólo en Tokio tienes:
- El Cruce de Shibuya. El paso de peatones con más tráfico del mundo, en el que cuando el semáforo se pone verde, puedes ver hasta 3.000 personas cruzando al mismo tiempo desde todas las direcciones. También lo llaman el Time Square de Asia por todos los anuncios que puedes ver en las fachadas.
Y también queda cerca de la estatua de bronce de el perro Hachiko. Uno de los mayores símbolos de fidelidad y amor del mundo. - Máquinas expendedoras “raras” en cada esquina. Con cerveza, ramen caliente, corbatas, condones, tarjetas SIM, paraguas, y hasta huevos frescos de granja.
- Un contraste salvaje entre rascacielos y templos. Entre la Tokyo Tower y la Tokyo Skytree que se eleva a 634 metros por encima de la ciudad (teniendo más del doble de altura que la Torre Eiffel — y lugar desde el que, si no hay nubes, puedes ver al Monte Fuji) y el Santuario Meiji o el Kōkyo (Palacio Imperial) hogar del emperador de Japón.
- Tienes Akihabara, la ciudad electrónica. Donde puedes encontrar gameboys de 3000 dólares, los locales de pachinko y recreativas más locos. Edificios de varias plantas llenos de anime, manga y videojuegos. Gachapones, cosplayers, bares de maids y mayordomos, etc. Figuras para coleccionar o para decorar tu cuarto y causar envidia absoluta.
- El barrio Bunkyō, uno de los barrios especiales de Tokyo. Donde se localiza el Tokyo Dome, el estadio más emblemático de Japón, símbolo del béisbol japonés y el lugar donde se celebran los conciertos de los artistas más famosos. Y jardines preciosos como: el Jardín Rikugien o el Jardín Koishikawa Kōrakuen.
- Tienes los karaokes para reírte con amigos a carcajadas y los love hotels para vivir momentos más íntimos y pasionales en el corazón metropolitano de Japón después de darle alegría a tu paladar en un buen izakaya (bares tradicionales).
- “El metro más puntual del mundo”. En el que el retraso medio de un tren es de menos de 1 minuto al año. Y, si el tren llega 5 minutos tarde, la empresa emite una nota de disculpa oficial que los pasajeros pueden usar para justificarse en el trabajo.
- Harajuku. La zona más excéntrica de Tokio con zonas como Takeshita Street, la famosa calle peatonal de 350 metros considerada el epicentro de la cultura juvenil, moda extrema y estilo kawaii.
Y hasta tienes a Godzilla asomándose por encima del cine Toho, lugares donde puedes exorcizar tu coche, cafés de nutrias y de cerdos, más restaurantes con Estrellas Michelin (200 restaurantes) que sumando a Londres, Nueva York y París juntos…
…el mercado de pescado más grande del mundo, el Tsukiji, que es un banquete para los amantes de la gastronomía japonesa…
Y, por supuesto, también museos como el Nacional de Tokio, dedicado al arte puro del país, o el Museo Edo-Tokyo, con representaciones de teatro kabuki.
Vamos, que para hablar de esto, tenemos carrete.
Nikko, el lugar de reposo del primer Tokugawa:
Nikko es una ciudad a las puertas del Parque Nacional de Nikko, mundialmente famosa por el Toshogu, el santuario (Patrimonio de la Humanidad) más lujosamente decorado de Japón y el mausoleo de Tokugawa Ieyasu, primer shogun de la época Edo.
En este santuario puedes ver: una pagoda roja bermellón de 5 pisos que esconde un significado secreto; 100 linternas de piedra (tōrōs) rodeando el complejo para iluminarlo durante las oscuras noches, y el retablo de los 3 Monos Sabios 🙈🙉🙊(estos emojis se basan en ellos) encima del establo donde el shogun guardaba sus caballos.
Pero además de eso… que es muy bonito…
(Por favor, mira las fotos).
También es famoso por tener dentro del parque a uno de los puentes más apreciados de Japón, el Puente Shinkyo que se vuelve una pasada en octubre durante el momiji (el cambiar de color de las hojas de otoño. Cuando se vuelven rojas y doradas).
También está aquí la cascada de Kegon, una de las más espectaculares de Japón, que es el único punto de salida del lago Chuzenji que deja caer agua desde los 100m de altura.
Y tienes otras maravillas como el Abismo de Kanmangafuchi (憾満ヶ淵), en el que puedes pasear mientras a tu lado van apareciendo estatuas de las deidades Jizo. Llenas de musgo porque, durante el paso de los siglos, han estado allí sentadas, protegiendo.
También hay parques temáticos cerca como el Edo Wonderland, donde puedes dar un salto al pasado y meterte en una aldea temática en la que verás samuráis paseando, ninjas actuando y mucho más.
Spoiler: tú también te puedes vestir como ellos.
Hakone, explosión natural al oeste de Tokio
Aquí está ambientada la trama principal del aclamado anime:
Kaze ga Tsuyoku Fuiteiru o Corre con el Viento.
Un anime en el que 10 chicos universitarios con “poco talento atlético” se juntan para alzarse victoriosos en la maratón de relevos del Hakone Ekiden: un recorrido real de 217 km y una de las carreras más vistas del país que se celebra cada año entre el 2 y 3 de enero.
¿Por qué te cuento esto?
Porque me vi la serie y porque es raro que alguien te dé este dato sobre Hakone. ¿Por qué es raro que te den este dato? Porque el sitio es tan endiabladamente bonito que hablar de algo como el Hakone Ekiden queda en segundo plano.
¿Por qué queda en segundo plano?
Porque en este área puedes:
- Subirte a un telesférico en Owakudani para ver los campos de azufre del Monte más icónico de Japón, el Monte Fuji.
- Puedes cruzar el torii flotante de Hakone-jinja que se construyó en 1952 para conmemorar la paz tras la Segunda Guerra Mundial. Un torii que es especial, porque se encuentra a la orilla del Lago Ashi.
- Lago que puedes navegar a bordo de un barco que podría ser primo hermano del de Jack Sparrow.
- También puedes bañarte en un onsen nocturno con vistas a la montaña.
- Y comer kuro-tamagos. Los que sepan algo de japonés ya saben lo que digo.
Kamakura, el hogar del Daibutsu más bronceado:
En esta ciudad costera al sur de Tokio, te encuentras un Buda de bronce de 13 metros sentado a la intemperie, meditando y, según yo, bronceándose.
Luego, a tiro de piedra de él…
Te encuentras el Templo Hase-dera.
Mira, si vas en julio – agosto, vas a tener suerte porque vas a visitarlo cuando todas las hortensias estén en flor. En ese templo hay muchas y sus jardines son frondosos.
Pero lo impactante es que vas a ver decenas y decenas de estatuas jizo que han colocado algunos padres en honor a sus hijos no natos y recién nacidos fallecidos. Se estima que el templo ha recibido más de 50.000 jizos desde la 2ª Guerra Mundial.
Se me pone la piel de gallina.
También, en este templo, está una de las estatuas más grandes de Jūichimen Kannon, una manifestación de 11 cabezas del bodhisattva Kannon. Y el santuario Shinto más importante de Kanagawa: Tsurugaoka Hachimangu en honor al Dios de la Guerra: Hachiman.
Una deidad venerada por los samurais.
Y en Kamakura puedes bañarte en la playa de Yuigahama, en la bahía Sagami.
En verano se llena de tokiotas y el resto del tiempo los surfistas japoneses van aquí a coger olas. Es un destino popular.
Hiroshima, ya sabes qué ocurrió aquí:
Todos conocemos este lugar porque el 6 de agosto de 1945, durante la 2ª Guerra Mundial, EE.UU dejó caer la bomba atómica Little Boy (pequeño chico) sobre la ciudad.
Decenas de miles de personas murieron en el acto.
Una bola de fuego de 4.000 ºC arrasó la urbe.
Y la onda expansiva y la radiación acabaron con la vida de 140.000 personas más.
Imagina estar paseando por tu calle, cuando de buenas a primeras, cae un bomba que arrasa con todo: tu casa, tus mascotas, tu vida, la de tu familia, tus esperanzas, tus amargas tristezas, tus oportunidades de envejecer… todo, menos un par de edificios.
Eso es lo que ocurrió en Hiroshima aquel día.
Y, sin embargo, los japoneses se recompusieron:
Crearon un Museo Memorial de la Paz en honor y en recuerdo de las víctimas con objetos de los fallecidos e información de ese día. y transformaron en un monumento uno de los edificios que no se derrumbó durante el impacto: La Cúpula de la Bomba Atómica.
Hiroshima, al igual que Chernobyl, es una de las tragedias que a mí me recuerdan el valor de la vida. Y lo rápido que se puede esfumar por elementos que quedan muy lejos de mi control. Entonces, yo recomiendo visitar este lugar porque me ayuda a agradecer.
Y porque además de esa mancha negra en la historia…
También puedes ver los bellos Jardines Shukkeien.
Y el Castillo de Hiroshima, que también fue completamente destruido durante el bombardeo y luego restaurado. Lo cuál lo hace aún más increíble.
Miyajima, y el torii que levita:
Mijayima es una isla que queda muy cerca de Hiroshima y que me recuerda a un cuadro que intenté pintar con acuarelas. Resulta que se me da mal pintar y un día una amiga (a la que sí se le da) me invitó a practicar.
Ambos escogimos una pintura de “inspiración” en internet.
Y luego intentamos copiarlo.
El mío era de un torii que se elevaba por encima del mar, al atardecer. Y yo pensaba: “¡qué paisaje más bonito, ojalá fuera real!” Luego, me enteré de que Miyajima existía.
Resulta que en esta isla Patrimonio de la Humanidad, existe un gran santuario sintoísta llamado Itsukushima cuya puerta de entrada sagrada, o torii, se erige sobre el Mar Seto.
Cuando la marea está baja, puedes pisar la arena mojada para acercarte hasta el torii y sacarte fotos. Cuando la marea sube, el torii y el santuario se integran ambos con el mar según los preceptos del feng shui y se vuelven parte “natural” del paisaje. Aunque, en realidad, el gran torii ha tenido que ser reconstruido 8 veces, debido al desgaste.
Aún así…
Dicen que este es uno de los 3 paisajes más bellos de Japón.
Quizás por el santuario (que es reconocido por ser uno de los mejores conservados), quizás por las vistas desde el Monte Minsen, o quizás por los amigos ciervos que viven en total libertad en la isla al ser considerados sagrados. En cualquier caso…
¿Tú qué crees? ¿Vale la pena visitarlo?
Kioto, la tradición japonesa encarnada:
Muchos de los monumentos tradicionales y espectaculares que has visto sobre Japón se encuentran aquí. En la vieja capital del Sol Naciente.
La gente AMA Kioto.
Yo amo Kioto.
Y hay un alto riesgo de que tú acabes sufriendo el mismo destino.
En Kyoto está el Pabellón Dorado (Kinkaku-ji), el Pabellón Plateado (Ginkaku-ji), el Paseo del Filósofo, Arashiyama y su bosque de bambú, el estrecho callejón Pontocho y Gion (el barrio de las geishas). También está la extraordinaria terraza del Kiyozumi-dera y el Fushimi-Inari y sus 10.000 toriis. Hiperfamoso.
¿Lo gracioso?
Todo eso es la parte “popular de Kioto”.
Pero hay muchas personas que aseguran disfrutar tanto o más de otras zonas de esta ciudad que están “perdidas” y alejas del turismo masivo. Por la buena comida y por lo que puedes ver. Así que… desde luego que es una de las ciudades obligatorias.
Kibune y Kurama - las aldeas secretas al noreste de Kioto:
Kibune y Kurama son dos pequeños pueblos enclavados en las montañas al noreste de Kioto, a menos de 40 min. de la ciudad si te subes en el pintoresco tren de la línea Eizan.
Estas 2 aldeas son conocidas:
- Porque en verano, cuando el sol azota, son dos lugares de escape para refrescarse.
- Por lo místico y pintorescos que son.
Kibune, por ejemplo, gira en torno a un santuario del agua, llamado Kifune-jinja.
Y para acceder a él, tienes que subir unas escaleras de piedra, que están delimitadas por las linternas rojas de la foto. Es uno de los puntos donde todos nos sacamos fotos. Y luego al llegar a él, si quieres revelar cuál es tu suerte, te espera una sorpresa. Porque los omikuji o papelitos de la fortuna están en blanco. Y solo revelarán tu suerte si los mojas en agua.
La verdad que vale la pena visitar esta aldea en verano porque la calle principal del pueblo se llena de los famosos kawadoko. Unas terrazas construidas directamente sobre el río donde se sirven menús especiales de pescado crudo y asado para no morirte del calor.
Luego, si hablamos de Kurama, sus atractivos son dos:
Por un lado está su templo Kurama-dera. Que se merece un artículo propio y que se ubica en un monte donde se cree que habitaban los Tengu (yokais alados protectores de la montaña).
Y el onsen al aire libre de Kurama, que reabrió en noviembre de 2024 y es uno de los mejores. (Entre otras cosas, porque es de los pocos que acepta a personas tatuadas).
Nara, donde los ciervos sagrados “roban” galletas:
Antes de Kioto… resulta que esta fue la primera capital permanente de Japón.
Su parte más famosa es el Parque de Nara.
Ya que dentro de él encuentras:
- El Templo Todaiji (que es la estructura de madera más grande del mundo y hogar del Gran Buda de 15 metros que se creó en el año 752—es Tesoro Nacional).
- El santuario Kasuga-Taisha (máximo exponente del estilo arquitectónico Kagura-zukuri, que es común en la zona de Kansai).
- El templo Kofukuji (uno de los 7 templos más importantes de Nara).
- Y 1.700 sakura que tiñen el parque de rosa durante la primavera.
¿El problema agradable al que te vas a tener que enfrentar?
Para llegar a estos atractivos turísticos, no te va a quedar más remedio que hacerte amigo de los ciervos sagrados shika que pasean por el parque… Qué tragedia 🙁
Algunos te harán, literalmente, una reverencia para pedirte comida.
Y los podrás acariciar y ver comer. Muy monos ellos.
Otros más atrevido y con hambre, harán todo lo posible para que le des una de sus galletas favoritas (shika senbei). Te darán morretadas suaves, te insistirán e incluso irán a por tus panfletos pensando que son comida. Así que esconde tus panfletos si no quieres volver a tu casa contando la historia épica de cómo te “enfrentaste” a un ciervo sagrado.
En cualquier caso:
Piensa que los ciervos de Nara han sido protegidos por los habitantes locales durante miles de años al ser considerados «mensajeros de los dioses”. ¿Y cómo llegaron ahí? Según los análisis genéticos, los ciervos del entorno del santuario Kasugataisha probablemente se separaron de un grupo ancestral durante el período Asuka (592-710) y sobrevivieron allí con un linaje genético único durante más de 1.400 años.
Así que se les tiene mucho respeto.
Otro lugar que vale la pena visitar es el casco antiguo de Nara, Naramachi.
Allí, todos damos un salto hacia la época Edo.
Los Alpes Japoneses:
Sólo por el nombre ya son atractivos.
Los alpes japoneses son una cadena montañosa que divide la isla de Honshu en dos. Y es el hogar de 3 aldeas que todo el mundo mencionamos en estos artículos porque tienes que visitarlas.
Hablo de Kanazawa, Shirakawa-go y Takayama.
Te hablo de ellos:
Kanazawa: hogar de uno de los jardines más bellos de Japón
Es apodada la «pequeña Kioto» aunque los locales prefieren que se la reconozca por méritos propios jajajajaja
Su gran joya es el Jardín Kenroku-en, uno de los tres jardines más bellos del país. Pero también es popular por su distrito de geishas: Higashi Chaya, los barrios de samuráis como Nagamachi y, también por ser la capital del kogei (o artesanía a mano de Japón).
Donde podrás ver cómo se fabrica la porcelana de kutani (una porcelana esmaltada), la cerámica de Ohi; la seda teñida de Kaga Yuzen, los bordados de Kaga-nui e incluso la fabricación del pan de oro.
Shirakawa-go: la famosa aldea nevada de postal letal
Esta es la típica aldea en la que te imaginas a algún ronin recuperándose de sus heridas después de una batalla mortal en algún bosque.
Sus aldeas históricas están declaradas Patrimonio de la UNESCO y son famosas por sus casas gassho-zukuri, construidas con tejados de paja inclinados a 60 grados en forma de manos en oración para soportar la nieve de invierno.
En enero y febrero, cuando las aldeas se iluminan por la noche tras las nevadas, el paisaje es muy bonito. La aldea es pequeña, se visita en pocas horas, pero la impresión que deja es muy grande. Aunque te confieso que a mi me gusta mucho también cuando la aldea no está nevada. Sino verde.
Takayama: otra inmersión al mundo de las geishas y samurais.
Su centro histórico, Sanmachi Suji, está repleto de callejuelas con casas de madera oscura de comerciantes del periodo Edo (algunas son museos ahora como la casa de la familia Kusakabe o la de la familia Yoshijima). También hay mercados matutinos como el de Miyagawa donde los agricultores locales venden verduras y artesanía desde hace siglos, y sake elaborado en sus propias destilerías.
Te puedes pasear por la ciudad vestido en yukata ya que hay hoteles que te facilitan los kimonos. Y puedes sacarte fotos aprovechando la ocasión para luego presumir delante de los amigos que se han quedado en tierra jajajaja
Además, Takayama está rodeada de montañas espectaculares y sirve de puerta de entrada al Parque Nacional de Chubu-Sangaku. Te dejo unas fotos.
Tsumago y Magome: el respiro de los viajeros ancestrales
Tsumago y Magome son dos aldeas que servía de descanso a los viajeros que iban de Tokio a Kioto (o viceversa) durante la época Edo siguiendo la ruta Nakasendo.
Lo chulo es que en Tsumago y Magome no se ven cables eléctricos, ni coches, ni cadenas de comida rápida, ni carteles modernos. Todo está regulado para mantener la apariencia histórica del siglo XVII intacta. Y por eso, yo que siempre quise ser un ninja de pequeño, cuando recuerdo este sitio, me veo corriendo por las calles en la noche.
Un poco friki, lo sé.
Bien.
Tsumago en particular es considerada el primer pueblo de Japón en ser protegido oficialmente de la modernización, y se nota.
Sus posadas machiya de madera oscura, sus linternas de papel y sus muros de piedra crean una atmósfera que Kioto, a pesar de todo, ya no puedo ofrecer con tanta vividez.
Ahora bien, ¿por qué te hablo de ellos dos juntos?
Porque lo que convierte a estos 2 pueblos en una visita que vale la pena no es solo verlos por separado. Sino caminarte los 8 kilómetros del sendero histórico que los une, a través de bosques de cedros, campos de té, aldeas minúsculas y tramos del empedrado original del Nakasendo que los viajeros llevan pisando 400 años.
Eso es una expedición.
Una aventura en honor a los que han venido antes.
Y no es nada físicamente super exigente, porque el trayecto se hace en unas 3 horas tranquilas y tiene un desnivel muy asequible. Así que te lo recomiendo un montón.
Sobre todo si eres fan de los samuráis.
Así te imaginas con tu daishō.
Matsumoto: Hogar del castillo más oscuro de Japón
Matsumoto es la puerta de entrada a los Alpes Japoneses del Norte.
Está dentro de la prefectura de Nagano y es una ciudad. Además de ser…
El hogar del Castillo del Cuervo Negro.
También conocido como el Castillo de Matsumoto. Que, junto al Castillo de Himeji, no sólo es uno de los castillos originales de Japón que nunca ha sido destruido…
Sino que parecen dos caras de una misma moneda.
El día y la noche. La luna y el sol.
En Matsumoto también está Kamikochi, un valle que cierran durante los meses de invierno y al que no se permite el acceso en coche privado. Aquí te encuentras con el río Azusa de aguas cristalinas y color turquesa, bosques de alerces y abedules, praderas alpinas y, al fondo, ves cumbres nevadas como el volcán Yakedake que significa: “Montaña Ardiente”.
También en Matsumoto está el Museo de arte de Yayoi Kusama. Una de las artistas más reconocidas de Japón y, sin duda, una mujer que te ponía muy fácil reconocerla por la calle.
(Y que de alguna manera me recuerda a la versión japonesa de… mi madre? What!)
Nagano: puede que hayas visto a sus monos en National Geographic. Esto se veía en los documentales de la 2
Nagano es la capital de la Prefectura de Nagano (qué gran sorpresa).
Y sí, querido lector, este es el lugar donde los macacos se bañan en aguas termales. Tú lo has visto, yo lo he visto y ahora somos amigos. Funciona así.
En Nagano se celebraron los Juegos Olímpicos de Invierno de 1998, así que sobra decir que las pistas de esquís de Hakuba son buenas.
A nivel de hacer turisteo, está:
- El Templo Zenko-ji (que tiene la 1ª estatua de Buda que llegó al país desde la India)
- La calle Chuo-dori que lleva hasta el templo y en la que puedes probar oyaki, nozawana, helado de shichimi, etc.
- Kamikochi, que ya te conté arriba lo que es.
- Y el Valle del Infierno o Jigokudani, que, irónicamente, es donde los monos disfrutan del cielo en las aguas termales jajajajaja
Osaka: Neones, fiesta, marcha y comida:
Osaka es la tercera ciudad más grande de Japón. Y es sinónima de energía, comida, neones y fiesta.
Sus atracciones más populares son:
- El barrio de Dotonbori y su canal. Un zona que está llena de bares, discotecas, restaurantes y pantallas publicitarias que se iluminan por la noche. Aquí la gente se saca fotos en el puente que cruza por encima del canal con el famoso anuncio de Glico a su espalda (Glico-man).
De hecho, hay tantos anuncios que apodan a esta zona el Time Square de Japón.
También, puedes asomarte a los puestos callejeros para ver cómo preparan tayokaki (buñuelos de harina, huevo y pulpo). O irte directamente al restaurante que está detrás de Glico-Man para probarlos, Kukuru. Un restaurante que tiene una escultura de un pulpo rojo gigante en su fachada.
Luego hay otros locales con otras esculturas gigantes de budas sonrientes, cocineros japonesas rabiosos, cangrejos rojos en movimiento (Kani Doraku), y trozos de carne del tamaño de 2 personas. Así que las fachadas son un espectáculo en sí mismas.
También puedes saborear otros platos tradicionales de Osaka como el okonomiyaki (pizza japonesa) y kushikatsu (brocehtas de carne, pescado o verduras rebosadas en panko, ay que hambre…) o irte a lugares como Ushinokura Namba, un local de yakuniku para probar un wagyu sabrosísimo por pocos euros por cabeza. - El Castillo de Osaka. Es una obra maestra de la arquitectura japonesa medieval que jugó un papel central en la unificación de Japón hace 4 siglos. Su parque cubre unas 1000 hectáreas y tiene 8 pisos, laberintos de murallas de muros de piedra de hasta 20 metros y un fozo de agua, evidentemente profundo, que rodea el complejo.
Es un museo por dentro lleno de armaduras, armas, vídeos e historias que explican la importancia de Toyotomi Hideyoshi y de sus interacciones con Ieyasu Tokugawa.
Si te gusta la historia, este lugar es muy muy interesante. - Umeda Sky, el rascacielos más famoso de Osaka de 173 metros de altura.
- Universal Studios Japan un parque temático donde te puedes sumergir en el mundo físico de Harry Potter, Mario Bros y hasta los Minions. Está lleno de atracciones.
- Acuario de Osaka para un día diferente viendo a tiburones ballena, pingüinos, etc.
- Shinsaibashi y Amerikamura, para irte de compras a lo grande.
- Kuromon Ichiba, 600 metros de mercado llenos de productos frescos.
- Orange Street, el ateria de la moda de Osaka, llena de diseñadores y tiendas de ropa, bares de moda y gente joven.
- Harukas 300, un mirador desde lo alto del rascacielos Abeno Harukas desde el que puedes ver las mejores vistas de la ciudad de Osaka desde la planta 60, 58 y 16 según tu tolerancia a las alturas.
Koya-san: al sur de Osaka, irónicamente, puedes vivir una de las experiencias más espirituales de tu vida. Y no exagero.
Koya-san es una montaña sagrada en la prefectura de Wakayama, a unas 2 horas de Osaka. Y es uno de los lugares más espirituales de Japón.
¿Por qué?
Porque es el centro más importante del budismo Shingon en TODO el país.
La montaña alberga más de 100 templos desperdigados entre sus bosques de cedros a 1.000m de altitud y por eso la UNESCO la declaró Patrimonio de la Humanidad.
El lugar más sobrecogedor de la montaña es el Okunoin, el cementerio más grande y sagrado de Japón, donde más de 200.000 tumbas de samuráis, shogunes, emperadores y ciudadanos corrientes se extienden a lo largo de 2km bajo los cedros centenarios.
Lo curioso es que, si vas, al fondo del cementerio, en el mausoleo de Kobo Daishi, el fundador del budismo Shingon, verás a los monjes servir dos comidas diarias en su “tumba”. Porque Kūkai (el nombre real de Kobo Daishi), según sus creencias, no murió.
Sino que entró en una meditación eterna para esperar la llegada del Buda del futuro.
Recorrer el Okunoin al atardecer o de noche, cuando las linternas de piedra se iluminan entre la niebla y el musgo, es una de las experiencias más épicas que ofrece Japón.
Y lo chulo de Koya-san es lo que seguramente ya habrás leído antes.
Te puedes alojar en un shukubo.
Es decir, en las posadas que hay DENTRO de los propios templos en las que los monjes hacen vida. Y ahí, tú, como huesped, podrás domir en habitaciones tradicionales, cenarla cocina budista shojin ryori elaborada 100% con vegetales y tofu siguiendo milenios de tradición monástica. Y podrás asistir en el amanecer a la ceremonia de meditación para escuchar los cánticos de los monjes al alba.
Mientras el resto del mundo duerme.
Himeji: el Castillo más luminoso de Japón
Himeji es una ciudad en la prefectura de Hyogo, a unos 50 minutos en Shinkansen desde Osaka o Kioto, y su joyita es el Castillo de Himeji.
Considerado unánimemente el castillo mejor conservado y más bonico de Japón…
Y apodado el «Castillo de la Garza Blanca» por su blanco inmaculado y sus elegantes siluetas…
Es el único castillo del país que ha sobrevivido intacto a guerras, terremotos e incluso a los misiles de la Segunda Guerra Mundial.
Por eso es Patrimonio de la UNESCO.
Y porque el castillo está diseñado, adrede, como un laberinto de caminos confusos, puertas falsas y muros con troneras para confundir a los invasores. Son 83 edificios conectados entre sí, y recorrerlos es como meterte dentro de un malévolo y fascinante puzzle feudal.
La recompensa es que si subes hasta la torre principal, las vistas de la ciudad y las montañas circundantes son fetén.
Luego al lado del castillo se encuentran los Jardines Koko-en, 9 jardines de estilo japonés clásico construidos sobre las antiguas residencias de los samuráis.
Son tranquilos, preciosos y muy poco masificados comparados con el castillo.
En primavera, los cerezos que rodean el recinto florecen y Himeji… te puedes hacer a la idea de las veces que posa para sus fotógrafos.
A diferencia de Nara o Kioto, Himeji tiene un ritmo mucho más calmado y local, lo que la hace perfecta para una visita de medio día o un día completo.
Está en la ruta natural entre Osaka/Kioto y Hiroshima, así que se puede incluir fácilmente como parada sin desvío.
El castillo se ve desde la misma estación de tren, a solo 15 minutos a pie en línea recta, lo que la hace una de las ciudades más cómodas de visitar en todo Japón.
Kobe: carnívoros, os invoco.
Kobe es una de las primeras ciudades portuarias de Japón que se atrevió a recibir comerciantes extranjeros durante el siglo XIX, cuando el país seguía siendo aislacionista.
¿Qué puedes ver y experimentar aquí?
- Pues mira, el barrio de Kitanocho conserva mansiones occidentales de época donde vivían diplomáticos y mercaderes europeos y americanos, creando una atmósfera completamente diferente al resto del país.
- El famoso barrio chino de Nankinmachi, es uno de los 3 más grandes de Japón. Añade contraste con sus más de 100 restaurantes chinos, su templo dedicado a Lord Guan y su arquitectura colorida.
- El Monte Rokko, que se alza justo detrás de la ciudad. Aquí las vistas nocturnas sobre la bahía son legendarias. Tanto que las consideran una de las «tres grandes vistas nocturnas» del país.
Y en la parte alta también se encuentra Arima Onsen, uno de los balnearios de aguas termales más antiguos de Japón, con más de 1.000 años de historia, donde se pueden disfrutar las famosas aguas doradas y plateadas con propiedades minerales únicas.
Pero, no nos engañemos.
Kobe tiene un protagonista y es la carne:
El wagyu de Kobe es probablemente la carne más famosa del mundo.
Con su veteado de grasa intramuscular que la hace casi derretirse en la boca 🤤
Comerla directamente en la ciudad donde se produce, en uno de los restaurantes tradicionales del centro, es una experiencia gastronómica que justifica por sí sola la visita. Kobe se encuentra a solo 20 minutos en tren desde Osaka y 30 desde Kioto, por lo que encaja perfectamente en cualquier itinerario por la región de Kansai.
Kumano Kodo, el hermano oriental del Camino de Santiago. Hablemos de él:
El Kumano Kodo es una red de rutas de peregrinación milenarias que atraviesa la península de Kii, al sur de Osaka, adentrándose en una de las zonas más remotas y boscosas de Japón.
Junto con nuestro Camino de Santiago, este es uno de los dos caminos de peregrinación declarados Patrimonio de la UNESCO.
(Y de hecho existe un certificado especial para quienes han completado ambos).
El objetivo es pasar por los 3 Grandes Santuarios de Kumano o Kumano Sanzan (Hongu Taisha, Hayatama Taisha y Nachi Taisha), venerados desde hace más de mil años por emperadores, samuráis y campesinos por igual.
Es decir, que esta es una oportunidad de pasar exactamente por los mismos caminos por los que pasaron los emperadores japoneses de hace un milenio. ¿Cuántas almas habrán pasado justo por esos senderos con el mismo objetivo?
El paisaje que rodea el camino está “decorado” por bosques de cedros y cipreses centenarios tan densos que apenas entra la luz. Senderos de piedra cubiertos de musgo. Cascadas ocultas entre la vegetación y pueblos minúsculos que parecen detenidos en el tiempo.
La Cascada de Nachi, por ejemplo, es la más alta de Japón con 133m.
Y por eso mola mucho cuando llegas allí y ves una pagoda roja de tres pisos haciendo guardia a la izquierda de la cascada. Dando la bienvenida y protegiéndola a la vez.
Muchos contratan el servicio de portaequipajes en la página web de Kumano Kodo para evitar tener que cargar con todo durante la peregrinación. Te recomiendo hacer lo mismo.
La zona de Kumano es deliberadamente difícil de alcanzar.
Y por eso se mantiene poco masificada.
Fíjate que desde Osaka se tarda entre 3 y 4 horas en tren – autobús, y lo ideal es planificarlo como una escapada de 2 a 4 días o incluso 5 días… alojándote en minshuku (casas rurales tradicionales) o ryokan a lo largo del camino.
Hay 5 rutas para hacer el Kumano Kodo.
Te las ordeno de menos difícil a más difícil:
- Ruta Nakahechi (La Ruta Imperial): Es la más accesible y popular, con senderos bien mantenidos, buena señalización y una porrada de servicios de alojamiento.
- Ruta Iseji (La Ruta del Este): es de dificultad moderada. Combina tramos costeros planos con antiguos pasos empedrados a través de bosques y arrozales.
- Ruta Ohechi (La Ruta del Sur): Requiere más fondo que la anterior porque sus tramos son más largos. Aquí sigues la costa mientras ves vistas del mar.
- Ruta Kohechi (La Ruta de las Montañas): Es exigente y técnica, ya que cruza tres pasos de montaña de más de 1.000m de altura para conectar con Koyasan.
- Ruta Omine Okugake (La Ruta de los Ascetas): Es la más difícil y peligrosa. La que hacen los hardcore y los expertos. El terreno es escarpado, hay crestas expuestas y como te imaginas, los servicios son escasos.
Hokkaido: la isla más dulcemente afectada por las estaciones de todo el país del Sol Naciente
Aquí es donde van los propios japoneses que quieren alejarse del ajetreo de la urbe y vivir en paz o, simplemente, relajarse en sus vacaciones.
Hokkaido es una de las 4 principales islas de Japón.
Y es de los lugares del mundo que más partido le sacan a las estaciones. Por ejemplo:
- Su capital, Sapporo, es famosa por su festival de nieve en febrero. Aquí se construyen esculturas de hielo del tamaño de edificios. Dragones, efigies, Mickey Mouse gigantes, literalmente casas de nieves, castillos de nieve e, incluso, los titanes de Shingeki no Kyojin (Attack on Titan) y Anya-san.
- El Parque Nacional de Daisetsuzan, es el más grande de Japón. Y viene a ser lo que voy a llamar un mundo de volcanes activos, aguas termales brotando del suelo y senderos alpinos que en otoño, ejem, alucinas baby.
Pero eso no es todo:
En invierno, la nieve en polvo de Niseko es considerada por los esquiadores de todo el mundo como una de las mejores del planeta.
En verano, los campos de lavanda de Furano tiñen el paisaje de violeta en una imagen que se ha convertido en símbolo de la isla. Parecido a los tulipanes en Holanda.
La primavera trae cerezos tardíos que florecen cuando el resto de Japón ya los ha perdido.
Además, Hokkaido produce:
- Los mejores lácteos de Japón (los helados son bien cremosos).
- El cangrejo real más fresco del país.
- El salmón, el erizo de mar y el maíz dulce que los japoneses del sur consumen como un lujo.
Y Otaru, una de sus pequeñas ciudades costeras, muy bonita, es conocida por su sake, vidrierías y cajitas de música.
Okinawa: ¿El antiguo Reino de Ryukyu?
Okinawa es un archipiélago subtropical de más de 160 islas al sur de Japón.
Y una de las pocas Zonas Azules del mundo, donde no es raro que muchas personas vivan 100 años o más en buenas condiciones de salud. Esto se debe a su dieta antiinflamatoria y a su mentalidad ikigai.
La cosa está en que durante siglos Okinawa no era parte de Japón.
Sino parte de un reino independiente llamado el Reino Ryukyu.
Una civilización con su propio idioma, música y cultura que comerciaba con China, Japón y el Sudeste Asiático para prosperar.
Por eso, en Okinawa te puedes encontrar una arquitectura llamada gusuku que no verás en el resto del archipiélago. Y comida originaria de aquí como el boniato morado, el tofu de mar, el cerdo agu cocinado a fuego lento o la bebida de caña de azúcar awamori.
Luego, las playas no tienen nada que envidiarle a Las Maldivas.
Sus arrecifes de coral están entre los mejor conservados de Asia.
Las Islas Kerama tienen algunas de las aguas más transparentes del planeta.
Y al sur, las Islas Yaeyama combinan selva tropical virgen, ríos en kayak y playas completamente desiertas. Cosa que no encuentrarás en otros lugares de Japón.
Pero, por desgracia, aunque sus playas te llevan a lo idílico, hay otras zonas de Okinawa que te llevan a la tristeza. Ya que Okinawa fue el escenario de una de las batallas más devastadoras del Pacífico en 1945, durante la Segunda Guerra Mundial.
La Batalla de Okinawa arrasó con la isla y asesinó a más de 200.000 personas.
En honor a ellos, se creó el Peace Memorial Park.
Si vas a Okinawa visítalo.
Y por último, una reflexión que se sale de los 22 destinos seleccionados y que honra a todas las demás zonas de Japón que NO están en esta lista:
Todos estos destinos que escogimos son lugares que vale la pena ver al menos una vez en la vida. Sobre todo si tienes el tiempo y dinero suficientes para recorrerte Japón entero.
De eso no hay duda.
Pero hay algo con lo que concordamos el 99% del mundo
Hay muchísimos lugares de Japón que no aparecen en folletos turísticos.
Y que, a veces, te remueven mucho más que cualquier otra cosa.
Quizás, ver a una señora mayor de 100 años en Okinawa, haciendo vida con optimismo, con ganas de vivir, plantando sus batatas moradas en una huerta, es lo que te toca.
Lo que te hace decirte: “yo quiero vivir así”.
Quizás, es un templo que pasa desapercibido, pero en el que tú te encuentras inexplicablemente como en casa. O acabas conociendo a un taxista que ha tenido en el coche a personas de todo tipo que te hacen poner en perspectiva tu vida.
O quizás, te toca hablar con un señor en un izakaya por lazos del destino.
O recorrer las rutas que antes recorrían los samuráis por elección.
O vivir el ritual de la ceremonia del té.
Nunca sabemos qué va a hacernos clic en la vida. No podemos predecir esos momentos. Pero, curiosamente, sin vivir momentos aleatorios como esos, tampoco hay manera de que aparezcan esos regalos de la vida en forma de aprendizaje y crecimiento.
Por eso vale la pena soltar el control y entregarse a la experiencia sin tenerlo todo planificado.
Por eso vale la pena explorar la vida de forma diferente.
Y a nosotros nos gusta explorarla en grupo, esquivando masificaciones y usando el viaje como una excusa para crecer como personas.
¿Te gustaría viajar a Japón en grupo, para NO solamente ver una buena parte de los destinos que te mencioné arriba… sino para participar en una aventura que nunca te ofrecerá una agencia de viajes al uso?
Nuestros viajes no son la típica turistada.
Para nosotros, descubrir el País del Sol Naciente, en grupo, mientras te ríes, compartes unos fideos o luchas por hacer que te entienda la señora japonesa del templo, es mucho más divertido que hacerlo solo.
Por eso cada año nos juntamos con un grupo de desconocidos que buscan seguir creciendo (en vez de quedarse estancados en la monotonía y lo que “se supone que deben hacer”)… y nos embarcamos en un viaje que esquiva las rutas más masificadas, que tiene un itinerario secreto que se va revelando día a día cuando ya estás en Japón…
Y que mezcla desafíos y juegos durante el viaje para hacer piña.
Para crear vínculos de verdad.
Y para lograr que la gente quiera añadir sus contactos a whatsapp después del viaje porque han hecho amigos que de verdad son afines a ellos.
Nuestro viaje a Japón se llama el Viaje del Guerrero
Y quizás sea tu mejor excusa para demostrarte que estés en casa o a 15.000km de ella…
Tú puedes superar CUALQUIER adversidad.
Porque tú, amiga, siempre has sido…
Y serás, una guerrera.